El control biológico de plagas; es decir, erradicar la invasión de insectos, roedores, y malas hiervas en un huerto o en un jardín se ha vuelto tendencia. Recurrimos menos a los plaguicidas y pesticidas químicos. Te comentamos la noticia.
En pleno siglo XXI, en el que el grueso de la población española está concentrado en ciudades de más de 100.000 habitantes, los huertos se han puesto de actualidad. Para muchos, gestionar un huerto es una forma de ocio, allí pasan sus horas muertas. Para otros es una manera de relajarse y de desconectar de la rutina diaria. Muchos aficionados consumen verduras y hortalizas de su propio huerto, lo hacen en un momento donde la preocupación por una alimentación saludable y por saber lo que comemos está en auge.
Ahora bien, los huertos urbanos entrañan sus problemas, son más proclives a las plagas. Más que otra cosa porque se dan en un ámbito que no es el suyo. La cadena alimenticia que existe en la naturaleza, controla en gran medida las plagas. Frente a la abundancia de insectos que devoran los cultivos, hay pájaros que se alimentan de estos insectos. Frente a los pájaros y que se comen el grano, están los animales depredadores.
Estos mecanismos de autorregulación, que desarrollaremos más adelante, no existen en los núcleos urbanos, ni en los huertos que se plantan en sus proximidades. Para controlar este fenómeno, durante años se ha recurrido a productos químicos. Pero nos hemos dado cuenta de que contaminan las aguas, que son perniciosos para la naturaleza y que son tóxicos para el hombre.
Esto ha hecho que regresemos a métodos naturales de control de plagas, incluso en los jardines y los huertos que plantamos en la ciudad.
Las plagas más habituales en los huertos.
Antes de entrar a ver cómo erradicar las plagas con métodos biológicos, vamos a recapitular las plagas más habituales que pueden aparecer en un huerto. Son estas:
- Pulgones. Son pequeños insectos que se agrupan en brotes tiernos y en el envés de las hojas. Se alimentan de la savia, debilitando la planta, deformando hojas y tallos y favoreciendo la aparición de hongos como la negrilla.
- Mosca blanca. Se trata de pequeños insectos voladores de color blanco que succionan la savia de las hojas. Hacen que las hojas se vuelvan amarillas y debilitan la planta en general, llegando a segregar melaza, lo que facilita el desarrollo de hongos.
- Araña roja. Es un ácaro pequeño que prolifera con el calor y la sequedad. Ataca principalmente a las hojas, causando manchas amarillas, pérdida de vigor en la planta y, en casos graves, la caída prematura del follaje.
- Orugas. Son larvas de mariposas y polillas. Se alimentan de hojas, tallos e incluso frutos, provocando mordeduras visibles y reduciendo la capacidad de la planta para realizar la fotosíntesis.
- Caracoles y babosas. Estos moluscos actúan sobre todo por la noche y en ambientes húmedos. Devoran hojas y brotes jóvenes, dejando agujeros irregulares y dañando las plantas recién plantadas.
- Trips. Estos son insectos pequeños y alargados que raspan la superficie de las hojas para alimentarse. Producen manchas plateadas, deformaciones y debilitamiento general de la planta, además de transmitir enfermedades.
- Correchuela. Esta es una planta trepadora muy invasiva que se enreda alrededor de los cultivos, compitiendo por la luz, el agua y los nutrientes. Su sistema radicular es profundo y resistente, lo que dificulta su eliminación y puede debilitar seriamente a las plantas del huerto.
- Juncia o coquito. Se trata de una de las malas hierbas más difíciles de erradicar. Se propaga mediante tubérculos subterráneos y forma densas colonias que compiten directamente con los cultivos por los nutrientes del suelo, reduciendo su crecimiento y producción.
- Bledo silvestre. Es una planta de crecimiento rápido que consume grandes cantidades de agua y nutrientes. Si no se controla, puede desplazar a los cultivos jóvenes, sombrearlos y afectar al rendimiento del huerto.
El peligro de los productos químicos.
En las últimas décadas, se ha recurrido al uso de pesticidas y herbicidas químicos para proteger los cultivos. Por suerte este hábito se está abandonando tanto en la agricultura como en la jardinería. A pesar de ello, todavía hay gente que opina que hay pesticidas seguros y pesticidas peligrosos. La página web de National Information Pesticide Center opina que “seguridad y peligro” en lo que se refiere a pesticidas químicos es una idea engañosa. Todos estos productos, en mayor o menor medida, son dañinos para los cultivos y para la naturaleza. Puesto que son compuestos elaborados en laboratorios, ajenos a la vida natural de las plantas.
Según estos biólogos, el riesgo de un plaguicida químico viene determinado por la exposición (cantidad de producto utilizado) y por la toxicidad de sus ingredientes. Los ingredientes químicos persisten en el interior de la tierra y se disuelven en el agua, contaminando los acuíferos, de manera, que aunque utilizáramos una cantidad pequeña, se puede producir un efecto acumulativo que termina dañando a la naturaleza a medio plazo.
El otro factor a tener en cuenta es la toxicidad de los ingredientes. Los pesticidas químicos no contienen uno, sino varios ingredientes químicos, cada uno con su nivel de toxicidad. Todo ello, sin tener en cuenta las posibles reacciones químicas que se pueden producir con la combinación de estas sustancias. Esto hace que calcular la peligrosidad de un plaguicida químico sea realmente complejo.
El efecto de estos productos es altamente dañino. Pueden contaminar los alimentos que consumimos del huerto, provocándonos diarreas, vómitos, dolores de cabeza e, incluso, muchos de estos pesticidas son agentes cancerígenos.
Como ya hemos dicho, estos productos químicos persisten en la tierra y contaminan las aguas. Pudiendo llegar a dañar a multitud de plantas y animales que conforman los ecosistemas.
Cómo regulan las plagas la naturaleza.
Como nos explican Ecologistas en Acción, en la propia naturaleza se producen plagas. Sin embargo, el medio natural dispone de sus propios mecanismos para autorregularse. La exuberancia de las selvas tropicales favorece la proliferación de termitas que se alimentan de la corteza de los árboles. El efecto devastador de las termitas se puede reducir gracias a la presencia de animales insectívoros como el oso hormiguero, que se alimenta de ellas y limita su población.
Animales como los murciélagos, golondrinas o vencejos contribuyen a mantener un nivel aceptable de mosquitos, moscas y polillas en ecosistemas como el bosque mediterráneo.
Otros de los animales que abundan en el espacio natural y que pueden llegar a arruinar los cultivos, debido a lo abundante de sus colonias y a su apetito voraz, son los roedores. Conejos, ratas y ratones, pueden llegar a producir estragos cuando llegan a una plantación en busca de comida. En el espacio natural hay multitud de depredadores como el zorro, el lobo, el lince, el águila, que mantienen estable la población de estos herbívoros para que no dañen el hábitat natural.
La invasión del hombre de los espacios naturales, extendiendo las zonas de cultivo o deforestando los bosques, ha limitado el espacio donde viven los depredadores. Esto ha hecho que los roedores y algunos insectos, que provocan plagas, se reproduzcan de manera exponencial. Haciendo que busquen comida fuera de su hábitat original, sin que exista un depredador que controle su población.
El control biológico de plagas.
Los biólogos de Bio-soluciones Agro, una empresa que presta asesoramiento a los agricultores en cuanto a control de plagas en Murcia, Alicante, Cartagena y Valencia, indican que el control de biológico de plagas no es más que la adaptación de los mecanismos que utiliza la naturaleza para equilibrar los ecosistemas a los cultivos que planta el hombre.
En este sentido, se recurre a prácticas como la suelta de depredadores (fauna auxiliar) para limitar la población de insectos dañinos.
En Cora del Río (Sevilla) en la periferia del Parque Nacional de Doñana, se instalaron hace unos años unas cajas de murciélagos para limitar la presencia de mosquitos, procedentes de África, que transmitían el virus del Nilo. De esta manera se ha conseguido controlar esta plaga, que afecta a la salud humana y a la de los animales, de una manera más efectiva y económica que por medio de la fumigación de los arrozales, lugar donde estos animales depositaban sus huevos, como se ha venido haciendo durante años. Un método de control de plagas que beneficia los acuíferos del Guadalquivir que terminan configurando las marismas de Doñana.
Para aplicar los sistemas biológicos de control de plagas, primero hay que efectuar un análisis y monitorización de los cultivos. Estudiar cuáles son sus principales riesgos y que plagas pueden sufrir y en función de ello, adoptar la solución natural más adecuada.
En ocasiones la mejor solución consiste en la suelta de depredadores. Estos depredadores no tienen por qué ser murciélagos o pájaros insectívoros, que pueden dañar, indirectamente, los cultivos. Dentro de los insectos también hay “bichos” que se alimentan de los pulgones, orugas o moscas que destrozan las plantaciones.
Un control biológico de las plagas contribuye a proteger la naturaleza y a obtener alimentos hortofrutícolas más sanos y naturales.