Lo reconozco, ser autónomo nunca ha sido fácil, pero últimamente menos aún en España. EL famoso chiste de que no nos ponemos nunca malo cobra más importancia que nunca. Vivo un momento en el que siento que cada día aparecen más problemas, más obligaciones y, sobre todo, más impuestos.
A veces me pregunto si de verdad quieren que sigamos emprendiendo o si prefieren que tiremos la toalla y busquemos un trabajo por cuenta ajena. Porque es lo que parece, solo hay que darse cuenta y pasear por tu ciudad para comprobar que todos cierran.
Pero aun con todo lo duro que resulta, sigo adelante, porque también he descubierto herramientas que pueden ayudarnos a mejorar y a ganar más. Por eso hoy quiero contar mi experiencia, lo malo y lo bueno, por si a alguien más le sirve. Y es que lo de reinventarse, en este caso, cobra más fuerza que nunca.
Seré sincero. Levantarse cada mañana sabiendo que tienes que pagar la cuota de autónomos, el IVA, el IRPF, los seguros, y luego cualquier otro gasto que salga de sorpresa, es agotador. Para tirar la toalla como decía antes.
Muchas veces miro mis cuentas y pienso: ¿cómo es posible que después de tanto esfuerzo quede tan poco? Y no hablo solo del dinero, sino de la energía que gastamos en estar pendientes de todo: facturas, modelos trimestrales, inspecciones, requisitos nuevos que cambian cada dos por tres… Es como tener dos trabajos: el mío, y el trabajo de sobrevivir como autónomo.
Al borde de dejarlo
Recuerdo que, hace unos años, estaba al borde de bajarme ya del barco. Trabajaba muchísimo pero mis ingresos no crecían. Dependía de clientes que llegaban por recomendación y, como es lógico, eso no siempre era suficiente. Me frustraba sentir que hacía bien mi trabajo y aun así estaba limitado. Hasta que un día, casi sin querer, empecé a interesarme por las nuevas tecnologías. No soy un experto, pero me di cuenta de que muchos autónomos seguíamos trabajando como hace veinte años, sin aprovechar herramientas digitales que pueden marcar la diferencia.
La primera decisión que tomé fue hacerme una página web. Sinceramente, al principio pensé que sería un gasto más, uno de esos que haces con esperanza, pero que no sabes si funcionará. Pero fue justo lo contrario. En cuanto los profesionales de DCM Web me dijeron que la página estuvo lista, comencé a recibir correos de gente interesada, solicitudes de presupuesto. La verdad es que me llamó la atención mucho. Mi presencia online aumentó y, lo más sorprendente, mis ingresos también. No fue inmediato, pero sí constante. En pocos meses ya estaba facturando mucho más que antes.
Ese pequeño cambio me abrió los ojos. Si algo tan simple como tener una web profesional podía marcar tanta diferencia, ¿qué más podría mejorar? Eso sí una web que esté bien realizada. Fue entonces cuando me animé a meterme también en el mundo de las redes sociales. Empecé poco a poco: subiendo fotos de mis trabajos, compartiendo consejos, mostrando parte del proceso.
Al principio me daba un poco de vergüenza, pero descubrí que a la gente le gusta ver lo que hay detrás de un negocio pequeño, lo real, lo cercano. Y lo mejor es que las redes no solo sirven para darte a conocer, también crean confianza. Muchos clientes me han dicho que me contrataron porque me vieron activo, porque parecía profesional, porque conectaron conmigo antes incluso de hablarme.
Pero el gran empujón definitivo vino cuando contraté el famoso Kit Digital. Admito que al principio pensé que sería complicado, o que sería solo un saca dinero más del Gobierno, que habría miles de trámites y que acabaría perdiendo el tiempo. Pero me sorprendió lo accesible que era. Gracias a ese programa pude mejorar mi web, implementar herramientas nuevas y optimizar muchos aspectos del negocio. No solo fue una ayuda económica, también fue una oportunidad para profesionalizarme.
Por eso, aunque sigo quejándome —porque los impuestos y las cargas del autónomo no se han ido a ninguna parte— también reconozco que hoy tengo un negocio más fuerte que hace unos años. Me sigue molestando que tengamos que cargar con tantos pagos y que nadie nos facilite realmente las cosas. Pero al menos ahora siento que tengo herramientas que juegan a mi favor.
Por eso, y espero que te sirva de ayuda, si estás empezando o si llevas tiempo estancado como yo lo estuve, mi recomendación es clara: apuesta por lo digital. Hazte una página web, cuida tus redes sociales, busca ayudas como el Kit Digital y, sobre todo, no tengas miedo de aprender cosas nuevas. No hace falta ser un experto en informática; basta con dar el primer paso y dejar que la tecnología trabaje contigo.