Hablemos de la ropa de seguridad para la construcción.

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Cuando pensamos en la construcción, lo primero que suele venirnos a la cabeza son andamios, grúas, cemento, ladrillos y un ambiente lleno de movimiento. Pero detrás de todo eso, hay algo mucho más importante que nunca se puede pasar por alto: la seguridad.

Trabajar en una obra no es ningún juego, y cada prenda, cada equipo de protección, tiene un propósito que puede marcar la diferencia entre volver a casa tranquilo al final de la jornada o tener un accidente que pudo evitarse. Hoy quiero detenerme en un tema que pocas veces recibe la atención que merece: la ropa de seguridad en la construcción. Y, por supuesto, el calzado, que tiene mucho más que contar de lo que la mayoría imagina.

La seguridad empieza por la ropa.

A veces se piensa que la ropa de seguridad no es más que un uniforme incómodo y obligatorio. Sin embargo, la realidad es que esta indumentaria está diseñada con un objetivo muy claro: proteger.

En una obra se mezclan materiales pesados, herramientas eléctricas, superficies inestables, polvo, ruido y un sinfín de elementos que ponen a prueba el cuerpo. Por esta misma razón, vestir adecuadamente no debería ser cuestión de estilo: es literalmente una forma de cuidarse.

La ropa de seguridad en la construcción abarca desde los cascos hasta los guantes, pasando por chalecos reflectantes, gafas protectoras, mascarillas, pantalones reforzados y, por supuesto, el calzado. Cada una de estas piezas está pensada para cubrir un riesgo específico, y cuando se combinan forman una auténtica armadura que se adapta al entorno de la obra.

El casco: la pieza que nadie discute.

El casco es, quizá, el símbolo más universal de la construcción. Es imposible imaginar una obra sin esos cascos de colores que distinguen a obreros, técnicos y responsables. Y no es casualidad: la cabeza es una de las zonas más vulnerables del cuerpo humano, y un golpe con una herramienta que cae desde una cierta altura puede ser letal.

Hoy en día los cascos no son simples plásticos duros; se fabrican con materiales ligeros, resistentes y cómodos, y lo mejor de todo es que muchos de ellos incluyen sistemas de ventilación, ajustes ergonómicos y hasta accesorios como viseras transparentes que amplían la protección.

Disponer de un buen casco que nos proteja la cabeza es esencial en la construcción; puede parecer una nimiedad, pero en la práctica es uno de los grandes aliados de cualquier trabajador.

Ropa reflectante.

No basta con estar protegido, también hay que ser visible.

Las personas que trabajan en la construcción suelen hacerlo cerca de maquinarias peligrosas, furgonetas que van de allí para acá, grúas y demás; por ende, no estar bien señalizado es peligroso, sobre todo por la noche. Para arreglarlo, en toda obra moderna es obligatorio el uso de chalecos reflectantes o prendas con bandas fluorescentes, ya que cuando hay máquinas pesadas en movimiento o se trabaja en condiciones de poca luz, la visibilidad se convierte en un factor de vida o muerte.

Lo interesante es que, poco a poco, el diseño de estas prendas ha ido mejorando y evolucionando, hasta el punto de que ya no es un simple chaleco que se coloca encima: ahora es ropa de trabajo con tiras reflectantes integradas y muchas más facilidades.

De esta manera, se gana en comodidad y se reduce el riesgo de que la prenda se enganche o incomode al trabajador.

Los guantes, un amigo para las manos que trabajan.

Las manos son, probablemente, la parte del cuerpo que más sufre en la construcción. Cortes, quemaduras, abrasiones y contacto con materiales peligrosos forman parte del día a día. Los guantes de seguridad son la barrera que evita lesiones y, a la vez, permiten manipular con precisión.

Aquí hay todo un mundo de materiales: cuero para resistir el calor y la abrasión, látex y nitrilo para proteger contra sustancias químicas, tejidos especiales con refuerzo metálico frente a cortes…Cada tarea tiene un guante recomendado, y un buen equipo siempre se asegura de tener el modelo adecuado para cada situación.

Protección ocular y respiratoria.

Respirar polvo de cemento, o que se te meta en los ojos las chispas de una radial, astillas de madera, o salpicaduras de pintura o de productos químicos puede ser muy perjudicial para la salud… Los ojos y los pulmones son dos órganos muy sensibles que pueden dañarse con extrema facilidad en una obra. Por eso, las gafas de seguridad y las mascarillas forman parte esencial de la indumentaria.

Dichas gafas se fabrican hoy en día a raíz de materiales resistentes a impactos y rayaduras, y muchas incluyen sistemas antivaho para evitar que se empañen. En cuanto a las mascarillas, disponemos también de una variedad de modelos con filtros especiales que protegen frente a vapores y sustancias más peligrosas.

La importancia del calzado: mucho más que unas botas.

Los profesionales de Epis Lucentum exponen que si hay un elemento de la ropa de seguridad que merece un capítulo aparte, ese es el calzado. Pocos se paran a pensar en lo fundamental que resulta llevar las botas adecuadas, pero en la práctica son uno de los puntos más decisivos para la seguridad en la construcción.

También explican que un calzado de seguridad en condiciones debe cumplir con las siguientes características:

  1. Puntal en acero: el refuerzo metálico en la punta de la bota evita que los dedos se aplasten en caso de caída de un objeto pesado. Aunque existen alternativas en otros materiales como el composite, el acero sigue siendo el más fiable y utilizado en muchas obras.
  2. Suela anti perforación: caminar entre clavos, esquirlas de metal o cristales rotos es más habitual de lo que se cree en una obra. Una suela reforzada con láminas especiales evita que esos elementos atraviesen la bota y lleguen al pie.
  3. Suela antideslizante: los suelos en la construcción rara vez son uniformes. Puede haber charcos, arena, polvo, aceites o superficies inclinadas. Una suela diseñada para agarrar bien en cualquier situación reduce en gran medida el riesgo de resbalones y caídas.

Además de estas peculiaridades, cada vez se da más importancia a la comodidad, ya que una bota pesada e incómoda puede acabar siendo un problema para la salud del trabajador, causando dolores de espalda o fatiga. Por eso, muchas marcas apuestan por materiales más ligeros y plantillas ergonómicas que permiten pasar el día con mayor comodidad sin renunciar a la seguridad.

Ropa reforzada: pantalones y chaquetas.

Otro apartado importante es el de las prendas que cubren el cuerpo. Los pantalones de trabajo suelen estar confeccionados en tejidos muy resistentes, con refuerzos en rodillas y bolsillos diseñados para llevar herramientas. Todo para evitar desgarros, claro, pero también para aportar funcionalidad a la prenda.

En climas fríos, las chaquetas y abrigos de seguridad combinan aislamiento térmico con protección frente a riesgos como chispas o cortes. De hecho, existen incluso versiones ignífugas para aquellos que trabajan cerca de soldaduras o de fuentes de calor extremo.

¿Habrá ropa inteligente en el futuro?

La seguridad en la construcción no deja de evolucionar, y, de hecho, ya se habla de ropa inteligente capaz de medir signos vitales, detectar fatiga o enviar una alerta en caso de caída. También se habla de ropa resistente al fuego que no entre en la polémica de las sustancias cancerígenas.

Todo son desarrollos que todavía están en fase experimental en muchas obras, pero todo apunta a que en el futuro veremos chalecos con sensores, cascos con comunicación integrada y botas que monitorizan la postura del trabajador, además de ver ropa que proteja y que nos proteja por dentro también.

Un equilibrio entre seguridad y comodidad.

Una de las grandes dificultades que encontramos en la ropa de seguridad es conseguir que proteja sin convertirse en una molestia: la ropa suele pesar, ser incómoda, y aunque nos proteja muy bien, se nos hace pesado llevarla.

En este sentido, la tecnología textil ha logrado grandes avances, con tejidos más ligeros, transpirables y flexibles que mantienen la misma resistencia. Esto es fundamental porque un trabajador incómodo tiende a descuidar el uso del equipo, mientras que, si la ropa se adapta bien al cuerpo, la protección se convierte en algo natural.

¿Qué dice la normativa al respecto?

A veces se piensa que el uso de ropa de seguridad es solo una obligación legal, pero en realidad está basado en estudios que analizan los riesgos reales de la construcción. La normativa europea y española establece estándares muy concretos para cada prenda, desde el grosor de un casco hasta el nivel de resistencia de una bota.

Estas certificaciones garantizan que el equipo cumple con unos mínimos de protección y que no se trata de simples accesorios.

¡Sea como sea, la seguridad se viste!

Ha quedado más que demostrado que la ropa de seguridad en la construcción no es un lujo ni un capricho: es una herramienta de trabajo tan importante como un martillo o una grúa. Cada pieza tiene una función concreta y, cuando se usan todas en conjunto, se consigue un entorno mucho más seguro.

El casco protege lo más valioso, los chalecos hacen que seamos visibles, los guantes cuidan de nuestras manos, las gafas y mascarillas evitan daños invisibles, los pantalones y chaquetas refuerzan el cuerpo, y las botas, sostienen todo lo demás.

Al final este tipo de vestir no es un protocolo: es una forma de respeto hacia quienes día a día levantan edificios, carreteras y puentes.

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